DEJA DE BUSCAR

 


Buscar parece ser el anhelo, la tarea imposible e interminable, de quién, en cierto momento, decide atender la llamada que desde sus más recónditas profundidades emerge de manera incontestable.

Pero ¿buscar que?. Emprendemos ese camino sabiendo que algo nos falta, algo que perdimos en cierto momento ya olvidado y que debemos encontrar para ser felices, para recuperar la calma, la paz, la tranquilidad proverbial que de alguna forma sabemos que teníamos y que nos resulta imposible recordar dónde la dejamos.

Nadie sabe qué es Eso que se busca porque se encuentra más allá de la mente que insiste en su falta. Es algo que huye de cualquier definición e intento de encerrarla en palabras. Tal es su grandeza que sería como pretender contener el océano en el dedal.

Así nos pasamos toda una vida saltando de rama en rama como Mono de mal asiento y en ese devenir, que convenimos en denominar espiritual, visitamos muchos mares, habitamos, temporalmente eso sí, muchas ramas pero siempre para acabar en cierto momento volviendo a reanudar la marcha.

Y es que el flujo de pensamientos, que como procesión de orugas se sucede sin detenerse jamás, nos induce a seguir buscando, a no persistir en nada el tiempo suficiente, no vaya a ser que nos demos cuenta de su falacia y la descubramos tal y como realmente es: absolutamente nada.

La clave reside en bucear mares pero quedarse y ahogarse en el único que nos llena los pulmones del anhelo que satisface hasta la última célula de nuestro Ser, con la certeza de haber llegado, de estar, como el hijo pródigo, de vuelta al Hogar.

Eso ocurre a todo aquel que se denomina a sí mismo buscador. Siempre hay un momento especial, un punto de luz inaudita, una verdad inamovible, que nos indica de forma diferente a las ideaciones fantasiosas e insistentes a que estamos acostumbrados, que hemos llegado, aunque realmente sepamos también que jamás partimos.

La clave, repito, es quedarse ahí, puesto que los pensamientos que llamamos mente siempre buscan el cambio, el movimiento, pues son como peces que si no se desplazan morirían asfixiados.

Por eso, busca todo lo que quieras y sientas pero cuando percibas la Calma más allá de cualquier palabra que la pueda expresar, quédate ahí, con toda la fe, con la plena confianza de que ese es tu lugar, no el de aquél o aquélla, el tuyo, pues hay tantos lugares, caminos y posadas como viajeros que los busquen.

Decide dejar de buscar y enfocarte en encontrar y, una vez ahí, agarrate con todas tus fuerzas, con toda tu alma, con todo tu Ser, pues ese será tu verdadero Hogar recuperado.

Abraza la Tradición donde te sientas en casa, elige tu maestro, sea persona física, libro, cántico, da igual, porque solo hay un Único Maestro, el Sadguru, que se manifiesta como la misma e idéntica Agua a través de los grifos que se abren a Ella.

Cuando dejes de buscar tu casa verás que ya te encuentras en tu Hogar.

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