FLUIR

 

Las sensaciones no afloran con la fluidez necesaria porque siempre estamos reaccionando.

Judy Krishnamurti

 La Vida es fácil: sólo hay Ella, llamémosla como queramos llamarla, por lo que la complicación no puede no ya existir sino siquiera ser planteada ante lo Unico sin Dos.

¿Cuándo surge la complicación? En el momento en que creemos estar separados, divididos, alejados de “lo otro”, considerándonos entes únicos y diferenciados, conocedores del bien y del mal pues hemos comido del árbol de la dualidad y seguimos devorándolo cuanto más practicamos esa misma diferenciación estéril.

Cuando se nos presenta cualquier situación, de inmediato la pasamos por el tamiz de las experiencias pasadas y proyectamos pensamientos sobre posibles resultados futuros, que, en el colmo de la ignorancia, solemos dar por definitivos. Y, en base a ese andamio tan frágil, reaccionamos de diferentes formas, tantas como personas, tantas como pensamientos, tantas como ideas basadas en suposiciones etéreas tengamos elaboradas.

Siempre estamos pensando en qué vamos a hacer ante tal o cual cosa y, así, impedimos que el flujo natural de la Vida, de la Existencia Única, de la Presencia que ya Es, pueda llevarnos de la mano hacia el mar de la calma y el descanso, de la paz y la felicidad.

Si estás caminando por una senda angosta y de repente tropiezas y caes, tu cuerpo reacciona de inmediato de forma completamente natural con los movimientos adecuados para evitar que la caída sea trágica: no se para a pensar en si hay que poner la mano de tal o cual forma, o si los pies deben extenderse y pisar allá o acá y, así, la caída será siempre lo menos dañina y dolorosa posible.

Sin pensamientos preconcebidos la reacción es natural: la Vida reacciona ante la circunstancia que Ella misma ha puesto delante de Sí.

Es difícil de comprender y aceptar que ello ocurra así puesto que estamos acostumbrados a reaccionar de la forma anteriormente dicha. Pero, sin embargo, seguimos teniendo ese otro actuar natural, sin condicionantes externos o internos, no lo hemos perdido aunque así lo creamos.

Confiar en la plenitud de lo que ya Es, permite abrazar la felicidad constante, la dicha perpetua, la seguridad de que todo siempre está bien porque es como es sin que pueda ser de otra forma.

Dejar de reaccionar permite que ocurra la Reacción.

Dejar de controlar permite que suceda la Libertad.

Dejar de “dejar de” permite comprender que nadie hay que “deje de”.


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