NOTICIAS

 


Tengo una mala noticia.


No eres nadie. Si, lo siento, ese personaje que creías ser no existe, es una ideación, un concepto, un pensamiento que se piensa a sí mismo. Puedes repetir palabras, conceptos, ideas que has leído de los que denominado como sabios pero eso no te hace sabio.

Es como ver un documental de las pirámides, del cual has aprendido multitud de datos que luego repetirás delante de otros que gustan de ese paisaje pero quien se adentró en la Gran Pirámide conocerá la falsedad de tu relato.

Puedes pretender saber, sentir, conocer, pero será un saber, un sentir, un conocer de oídas, que podrá engañar a unos cuantos, de entre los cuales tu ocuparás el primer lugar.

Leer libros sobre el despertar no es despertar. Conocer y emplear argumentos, términos y conceptos sobre la Iluminación no es estar iluminado. Escribir en todo sitio y lugar contrarrestando lo que allí se dice carece de brillo y de humildad puesto que ¿Cómo se puede emplear un ego de esa forma hablando en precisamente de aquello que expresa y defiende su identificación como algo ilusorio? Es como si te recomendaste dejar de fumar mientras tengo un cigarrillo encendido humeando en mano.


Tengo una buena noticia.

Todo lo anterior no se aplica a Ti. Todo eso es sólo pura apariencia como apariencia pura es quien cree serlo.

Tu no eres la jarra sino el vacío a cuyo alrededor se adecua la forma.

Tu no eres la gota sino el océano donde, sumergidas, se vuelven indistinguibles unas de otras.

Tu solo eres Eso que no tiene comparación posible pues solo Es, sin Segundo con quién compararse.

Tu eres Eso, dijo un Sabio. Y Eso no es tu, añado, puesto que nada puede ser más de lo que ya Es.

Tengo una noticia final: La mala y la buena noticias no existen, no se Te aplican, no pueden ser más que espejismos basados en una ilusión que jamás ha sido ni será.

 Date cuenta y apaga el televisor.

Te espera la Paz de lo Único, sin noticias ni espectadores que las reciban.

Sentado en la montaña, oigo el trinar interior y montaña, trino, escucha y yo, se disuelven como bruma.

LA VERDAD


 La Verdad es Únicamente lo que realmente importa le demos los nombres que queramos darle. Solemos opacarla con gruesas capas de importancia personal, y por eso buscamos y viajamos, física o espiritualmente, a lugares lejanos en el convencimiento de que debe residir allí, oculta, como tesoro que podemos descubrir con nuestros esfuerzos, por nuestros propios medios, usando nuestra sola y férrea voluntad.

 Pero cuando descubrimos de nuevo que, tras toda esa porquería y suciedad que recubría la luz, la misma sigue completamente viva, fértil, única, sin merma alguna de su capacidad, todas las capas caen por sí solas sin esfuerzo alguno.

La búsqueda es el requisito y el obstáculo. Cuando se comprende que todo es absolutamente lo mismo, más allá de intelectualismos y juegos malabares de palabras que solo intentan perpetuar un yo inexistente en el océano de la pura Realidad, Eso renace y despierta a Si Mismo, sin más.

Y entonces todo recupera su único lugar, pues no hay más, y la poesía de la Belleza inocente explosiona en un torbellino de gozo y comprensión.

Puedes seguir jugando el juego del orgullo, pretendiendo mostrar tu sabiduría que no es ni de lejos Aquella Única sin Dos, o, incluso, discutir y repetir hasta la saciedad las frases leídas en diferentes sitios.

Solo seguirás viviendo el engaño, pero asumiendo la responsabilidad de mantener a otros en el mismo contigo.

¿Como se puede pretender Amar el Vacío sin serlo?

¿Pueden los fantasmas abrazarse en el halito de un suspiro?

¿Busca el viento besarse a si mismo?

Esa es la Verdad inamovible.


 

Y de aquellos en los que acaece la Comprensión de Lo que Es, ¿qué puede decirse? Ellos son lo inverso: son los despiertos a lo que el mundo está dormido mientras duermen a lo que el mundo está despierto.

Poco acerca de ellos tendrá sentido para la persona normal, incluso para los más versados en los asuntos espirituales.

De estos habrá algunos a través de los cuales surgirá, de modo igualmente inexplicable, un intento de comunicar lo incomunicable, manteniendo así vivo el continuo hilo de la sabiduría perenne.

Existe. No puede ser expresada.

David Carse

Perfecta, Brillante Quietud.


 

Los espejos son mágicos, siempre están presentes en las historias, cuentos y relatos de todas las tradiciones. A veces reflejan una realidad, otras la distorsionan, se convierten en puentes a mundos increíbles o en puertas a lugares tenebrosos, pero siempre cumplen una función: devolver aquello que no somos capaces de ver , y mucho menos reconocer, de nuestra auténtica y verdadera Realidad.

Mirarse de verdad, con total sinceridad, en un espejo, supone desnudarse de toda idea preconcebida, abandonar cualquier expectativa previa, dejar de suministrar el alimento a la desconfianza, la esperanza, la queja, la exigencia, la estima o la ilusión, siempre que lo que se quiera, por supuesto, sea encontrarse cara a cara con la Verdad.

Y, sin embargo, nos miramos con toda esa carga previa, con todo ese bagaje que busca ver la respuesta que ya se tiene prevista en la pregunta aún no formulada.

El espejo devuelve la imagen de quien a él se enfrenta, siempre polarizada por la luz, creada gracias a ella, pues quien se refleja, el reflejo y el soporte de éste, sólo existen gracias a esa chispa absolutamente divina que obra el milagro.

Contemplar el reflejo supone atravesar el puente de un extremo al otro, pasando de ser quien se releja al ser reflejado, una vaivén sin fin entre alegría y tristeza, altura y bajura, belleza y fealdad, forma y deformidad, confianza y desconfianza, es decir, una alternancia constante entre dos polos que, como atracción de feria, van subiendo y bajando en nuestra valoración personal, según esa imagen que contemplamos responda y se ajuste a las expectativas forjadas anteriormente, las cuales, debes saberlo, siempre son reflejos a su vez de las carencias que acarreamos con nosotros, de los daños y malestares que jamás debieron ocurrir, de las ilusiones frustradas, de los recuerdos que sólo viven aún a lomos del caballo del dolor y el sufrimiento.

Pero todas esas alternancias, todos esos conceptos sólo viven en ese reflejo, en lo que cada filtro particular ve en él, y, por ello, cada persona que vea la misma imagen la encontrará distinta, diferente, variada, cambiada, ajustada en definitiva a sus propias expectativas, a sus propios daños y sufrires.

Comprende esto bien: 

¡¡Sólo es un misero reflejo¡¡

¡¡No tiene entidad propia, ni vida, salvo la estéril que tu le concedes con cada mirada cargada de miedo y dolor!!

A tu reflejo ¿le otorgas vida cuando lo miras en el espejo?

Entonces ¿por qué se la das al que camina por la vida como si fuese real cuando se trata, a su vez, de otro reflejo que, como muñecas rusas, se engarzan en un collar sin principio ni fin, en un hilo infinito y eterno?

Cuando esto se comprende, ya nada vuelve a ser igual, aunque todo siga siendo lo mismo: el reflejo se ve como lo que es, las expectativas, los dolores, las confianzas y desconfianzas, todo se acomoda a la visión de una imagen que sólo posee dos dimensiones, dos extremos entre los que moverse.

Y entonces se abre el universo de par en par, aunque sea sólo por un segundo, un instante dorado, preciso y precioso, de pura comprensión, sin nadie que comprenda ni nada que comprender, donde todo está claro porque no puede estar de otro modo, un vacío pleno, un cielo y una tierra unidos en un matrimonio perfecto, donde espejo, reflejo y quien se refleja desaparecen para dejar solamente el Amor, la Verdad, lo Uno sin Dos, da igual el término que se elija, la pirámide sin sombra porque ni siquiera necesita luz…

A partir de ahí, se podrá seguir viendo el reflejo, continuar mirándose en ese espejo compartido por todas las entidades que gustan de contemplarse así, pero ya no tendrá la fuerza ni el poder que le habíamos otorgado con la esperanza de que nos solucionase, desde ese mundo que se asoma a través del cristal, todos nuestros problemas, que nos hiciese deshacernos de toda esa pesada carga.

Sólo hay una forma de hacerlo sin hacerlo: contemplarse en la absoluta desnudez del bebé recién concebido, aún no nacido, que flota en el mar de la vida como lo hace en el líquido amniótico que le sostiene y arropa en su universo particular, fiel reflejo, a su vez, del universo general.

Sólo se que soy un pobre reflejo de la Realidad.

Sólo se que mi espejo ya no refleja lo que quiero, sino la propia Vida surgiendo por sí misma de sus tinieblas interiores.

Sólo sé que nada hay que saber.

Es el mejor reflejo a contemplar.


 

El desastre puede aparecer en cualquier momento. Tras una larga etapa donde todo parece que va cuadrando y realizándose en esa búsqueda que desde hace tanto tiempo se emprendió, de repente algo “ocurre” y toda la calma que presidía el mar de la vida casi recién descubierta, se encrespa y amenaza como tsunami repentino, invadiendo la costa entera de tu tierra vital.

 El choque y La sorpresa pueden resultar frustrantes, pues, tras la comprensión que permite ver, sentir y ser esa calma, completamente ajena a los vaivenes de las olas que en el mar de tu existencia se producían, la mente lo tomará como arma arrojadiza altamente efectiva e intentará decirte que, efectivamente, el desastre se ha producido y todo lo que habías recuperado en tu crecimiento desde la niñez hasta la etapa adulta, era solo un espejismo.

 Todo eso lo acompañará con los calificativos oportunos de autocastigo: “no valgo, he perdido el tiempo, no soy nada, qué pensaba que había logrado” son sólo algunos ejemplos de la amplia retahíla de epítetos que puede llegar a utilizar, sobre todo aquellos que más daño cree pueden hacerte, ya que te conoce a la perfección y sabe qué puntos debe tocar.

 Pero ¿sabes?

 ¡Nada de ello es cierto¡¡

 ¡Nada puede perturbarTE, alterarTE o hacerTE caer desde ese “lugar” donde creías estar. Porque, en realidad TU no estabas en ese lugar ni en ningún otro, ni antes ni después, jamás saliste de ningún lado. Simplemente tu tierra manifestada experimentó lo que le corresponde: el polvo y el lodo del camino que, por otra parte, son absolutamente inevitables mientras el cuerpo sea el vehículo de tu manifestación.

 Cuando esto es visto, como ahora mismo puede suceder si lees esto con la calma ya mencionada anteriormente, una sonrisa se esboza en ti y te vuelves mucho más consciente de que realmente no eres nada y nada haces, que, como hoja a merced de viento, el personaje que toda tu vida te empeñaste en sostener, cae y caerá siempre, pues fue construido y creado a partir de los retazos que los demás te enviaban en forma de opiniones, críticas, carencias, ausencias y demás telas a zurcir en una suerte de Frankenstein sin auténtica vida.

 Nada es más que lo que ya ES y esta afirmación, aparentemente insulsa y ñoña, lo es para la misma que te hace de menos, para aquello que no eres pero que insiste e insistirá en seguir convenciéndote de que sí que lo eres, para el creador del monstruo que, creyéndose Demiurgo, sólo es un pobre aprendiz que crea muñecos que goma y los tomas por seres vivos….

 ¡¡Felicidades!!

Ese “desastre” sólo ha sido una oportunidad más de abrazar la comprensión, las más difícil y complicad de llevar a cabo, la que requiere del coraje de mil ejércitos valientes, la que hace retroceder a los héroes más curtidos, la que resiste con una fuerza jamás vista, la que se refiere a TI.

 Es hermoso volverse accesible a Ella.

 Es pura Belleza darse cuenta de que las emociones no son tú, que los disgustos no son tú, que las alegrías, penas, lloros y risas, no son tu.

 Volverás a caer. Volveré a caer. Es inevitable. Pero la risa ocupará el lugar que le corresponde y la caída serás la menos dolorosa que jamás se habrá podido experimentar, pues estará acompañada de un mar de algodones como nubes contempladas desde el alto cielo.

 Pero incluso todo eso, seguirán siendo conceptos ilusorios. No olvides que estas en un cuerpo que contiene unos pensamientos, con su nombre y apellidos, con sus características y formas variadas, que existe, sí, ¡existe! “aquí” y que, por tanto, está sujeto a todas las contingencias que en este “aquí” se experimentan y sufren. No desprecies lo que no conoces porque leas u oigas en otros sitios que no eres esto o aquello ¿comprendes?

Cuando digo que no eres esto, quiero significar que la verdadera esencia es algo completamente ajena a ello, pero que, precisamente, es a través de estas carencias, necesidades, sufrimientos, pesares y alegrías, podemos llegar a comprender esa auténtica realidad. Mientras tanto, aliméntate, bebe, vive, pues es tu casa, aunque no tu Hogar.

 La caída está hecha para poder levantarse, como la oscuridad para apreciar la Luz.

 Vive el brillo de tu auténtico Ser.

 El resto, siempre viene dado por añadidura.

 Juan Pedro Doshi