No apegados a nada y tampoco intentándolo. Algo está ya allí por sí mismo. Tu propio Ser. No está tratando de convertirse en nada. Está totalmente satisfecho descansando consigo mismo. Nunca se cansa. No pertenece a nada. No tiene que demostrar nada. No es digno ni indigno. Ni va ni viene. No necesita ninguna ayuda. Está más allá de la necesidad. Este es tu Ser. Y ningún pensamiento le ayudará.

Mooji

 

Conviene observar así la Vida, como un fotógrafo que saca de vez en cuando fotografías, unas veces hermosas y a todo color, llenas de luz y alegría, otras en blanco y negro aparentemente tristes y oscuras, pero siempre instantáneas de un presente eterno y único.

 De seguro tienes fotografías así guardadas en tu memoria, a las que, de vez en cuando, echas un vistazo: Te despiertan recuerdos y sientes emociones que, una vez saboreadas de nuevo, hace que las vuelvas a dejar en el álbum y continúes con tu vida. Los recuerdos se reviven en un solo presente por lo que no tienen validez, ya no existen, son fruto de la memoria. Y sabes bien que la memoria suele jugarte malas pasadas pues, como herramienta de la mente siempre dominante nunca verdadera, pretende desvirtuar el instante único, la instantánea plena de vida, rebozándola en supuestas experiencias que desaparecieron en el mismo momento en que sucedieron.

 Conviene observar la Vida, plena de momentos diferentes, como las fotografías de tu álbum personal, que te hacen sentir emociones intensas, pero siendo nada más que instantáneas que jamás pueden desvirtuarte, quitarte el placer de disfrutar y dejar que la Vida viva en ti.

 Puedes elegir las fotografías de tu álbum.

 Puedes elegir la instantánea de cada instante, disfrutarla, vivirla sin clasificar ni comparar.

 Puedes elegir ser tu.

 Puedes elegir simplemente SER.

 Las nubes pasan flotando en la extensión vacía del cielo. El cielo no se queja.

Mooji

 

VAMPIRO


 

P: A veces me siento identificado con el mito del vampiro, veo cómo cuanto mas inocente y honestamente me comporto, más parecen los demás chuparme la sangre de mi vida. Es como si la idea quizás romántica de ser buena persona y, como dice Jesús, volver a ser un niño inocente y sin malicia, favoreciese convertirme en víctima propiciatoria para los que me rodean.

 

R: Lo primero es decirte que nadie puede volver a ser un niño ni tampoco dejar de serlo. La manifestación simplemente ocurre y, dentro de ella, en su sueño que todos compartimos, pareciera ser que nacemos, crecemos, evolucionamos, o no, y morimos, pero, en realidad, todos esos cambios, todas esas etapas, son sólo un producto de la imaginación y, por ende, de la mente, que se basa siempre en los recuerdos de supuestas experiencias acontencidas al personaje que es interpretado. De hecho, si repasas con honestidad esas aparentes experiencias, comprobarás que casi siempre han resultado equivocadas, tanto más cuanto más prestabas atención a los pensamientos que, en cada situación, surgían como depredadores en busca de su víctima: tu. Haz la prueba y lo verás.

Respecto al vampiro, es un buen ejemplo, pero no como el papel de víctima propiciatoria de nada ni de nadie, sin o más bien, en lo que se refiere a su simbolismo. Verás: el vampiro busca la inmortalidad, y, para ello, debe sustentar su cuerpo alimentándolo de sangre de otros cuerpos que son los que, en apariencia, le conceden tal don. Pero con ello sólo consigue una prolongación de la vida corporal del cuerpo, destinado a volver a ser el polvo del que surgió. Es decir, la extensión de la duración de esa vida corporal y mental, es solo una ilusión de inmortalidad, pero no es la misma¡¡

Fíjate en una cosa, el vampiro se mira en el espejo ¡pero no ve el cuerpo!. No refleja imagen alguna indicándole, indicándote, indicándonos, que lo que mira no es el cuerpo, lo que ve no es esa mente perturbada y perturbadora, siempre cambiante, lo que percibe no es la idea de perennidad de un cuerpo asociado al personaje con identidad que cree ser. Ese es el gran error: lo inmortal, lo no cambiante, lo sin dos, jamás puede verse, percibirse, aprenderse o contemplarse. Sólo puede SER.

Nadie hace nada, todo acontece, sucede y sólo el ansia de sangre nos hace creer que es de otra manera. Esa sangre que el vampiro ansía es la necesidad de mantenerse en un trono de papel por parte de la mente, que siempre te hará sentirte identificado con ella y con el cuerpo que en cierto momento emergió en la manifestación. La necesidad de mirarse, contemplarse, cubrirse el rostro con maquillajes tanto físicos como emocionales, es sólo el pobre intento de seguir manteniendo una vida corporal que en ningún caso podrá ser inmortal.

 Contempla los pensamientos según van emergiendo. Sustráete a ellos y observa cómo nacen y mueren, cómo aparecen y se disuelven, cómo tu cuerpo parece reaccionar a ellos independientemente de su realidad, de su veracidad. Luego, contempla a quien lo contempla, como si de muñecas rusas se tratase que, imbricadas en un cuadro que se pinta a sí mismo una y otra vez, se difuminasen en una eternidad que siempre será sobre el lienzo de la Vida.

Es fácil salir del laberinto cuando se conoce el hilo de la realidad que hace perder la ilusión fantasmagórica de una existencia siempre condicionada y condicionante.

Tan sólo se necesita, aunque nadie haya que lo necesite, de contemplar el mecanismo que durante casi toda tu vida ha estado en pleno funcionamiento y te ha hecho creer lo que crees ser.

 Los pensamientos, por muy razonables y veraces que parezcan ser, son los barrotes de tu jaula.

La libertad está a menos de un milímetro de ti.

La Libertad ya Es en Ti.


ONDAS


¿En qué mar nadas?

¿Quizás en uno tumultuoso de corrientes que te arrastran de aquí para allá, siempre oscilando en el péndulo de la vida.?

Ese es el que se comparte por todos los que lo navegan en el sueño, formado por cubos y cubos de agua que cada cual va añadiendo con cada oscilación y vaivén que protagoniza.

Cada vez que así ocurre, una onda, suave o poderosa, se desplaza por la superficie, chocando con otras de igual materia o rozándolas apenas en un baile sin fin, cubriendo por completo ese mar de círculos concéntricos cada vez más concéntricos y menos círculos. Hasta tal punto que ninguna de esas ondas recuerda ya que es el propio mar, que su amplitud de onda es un espejismo, que crecerá cada vez más, seguramente más rápido que otras, pero que precisamente ese crecimiento hará que se difumine por completo y desaparezca en su forma para reintegrarse a ese Mar del que jamás se separó ni un milímetro.

La onda se cree sola, distinta, mejor o peor, y defenderá su existencia a costa de cualquier otra que pretenda dudar de la misma. Pero, irremediablemente, conocerá que siempre fue, es y será, solo Mar.

Si la onda levanta la cabeza al cielo hace que parezca estar más cerca de el, pero eso no le otorga más importancia.

Sumergida bajo el agua, que es bucear en Sí Misma, evapora toda forma ilusoria y cambiante.

Sólo hay un Mar.

Sólo hay una Realidad.

El resto son simplemente efímeras ondas destinadas a disolverse en El sin remedio.

SOL

 


Cuando miras el sol lo ves siempre igual, más allá de las aparentes diferencias que el filtro de tus cargas acumuladas puedan hacerte ver.

El sigue ahí alumbrando y sosteniendo la Vida. De día y de noche, pues esos dos polos solo existen para ti, no para su resplandor siempre vivo, sin cambio ni mengua algunos, sin que jamás nada pueda ensuciarlo.

Su Luz llega a todos los rincones, si es que la Nada donde todo Es los tuviese. Jamás se la niega a nada ni a nadie pues esa idea nunca apareció en el campo de su Ser, que es el tuyo, el nuestro, el asiento de la Vida donde la manifestación ocurre.

Si quieres la iluminación se como el Sol, actúa igual, conviértete en su imitador, sin juicios ni prejuicios, sin luces ni sombras, sin día ni noche.

Permaneciendo en el Silencio de sus llamaradas siempre vivas, que son las tuyas, comprenderás que sólo Nada ES. 

Que los ramajes de tus pensamientos, ideas y conceptos, por más hermosos y acertados que puedan parecerte, sólo parecen difuminar y tamizar el resplandor de la Vida, pero es solamente eso, una apariencia más de las muchas entre las que te desenvuelves a diario.

¿A dónde te ha llevado todo ello? Realmente a ningún lugar de paz, de auténtico descanso, de felicidad, si, esa que buscas desesperadamente y que jamás encontrará de forma permanente pues quien la busca ya la es, no a la imagen y semejanza que pretende, como un traje hecho a tu medida particular, sino como la certeza de ser que dese siempre has sido.

Manteniéndote en esa Convicción urgira un entendimiento espontáneo y firme, que luego abandonarás, pues te volverás pura y única Comprensión.

Y así sabrás, sin nadie que lo sepa de por medio, que jamás necesitaste buscar Iluminación alguna, pues tú ya eras eso que perseguías.

Se como el Sol.

Permanece en eterna quietud, en constante silencio, brillando porque sí, sin necesitar motivo alguno.

Ahí es aquí y allá es acá, pues flotando en el vacío donde Es y Eres....

¿Quien habría para pedir y desear algo?