¿Por qué esto siempre me tiene que pasar a mí? ¿Por qué nadie me ama?
No me vengas con tus mimos, tú iniciaste todo esto ¿Por qué no admites la verdad?
Alicia: a través del espejo.
 
Los espejos siempre están dispuestos a reflejar la imagen que a ellos se acerca. Los hay de diferentes tamaños y formas, con más ornato o con oewuña y humilde sencillez pero todos ellos, absolutamente todos sin escepcion, realizan igual función: reflejar.
 
Cuando te miras al espejo ni sientes envidia de la imagen que ves ni tampoco la valoras en función del tipo de espejo de que se trate. Sería absurdo hacerlo puerto que independientemente de su forma y composición, la imagen, tu imagen, siempre será la misma, sin variaciones, idéntica esencia.
 
Cada uno es un espejo que se ha olvidado de la imagen eterna e inmutable que contiene "en su interior" creyendo de ese modo que es más o menos importante, mejor o peor, en función del contenedor acristalado donde parece habitar.
 
Recuerda tu imagen y olvida el espejo en el que te miras.
 
Tu reflejo de expande eternamente, incluso más allá del tiempo y el espacio, como cristal roto en mil pedazos, cada uno mostrando una porción de imagen pero siempre completa, perfecta.
 
La confusión es comprensible.
 
Quedarse a vivir en ella no.
 
Olvida espejos y la Imagen aparecerá sin aparecer, pues siempre estuvo aquí.

 

ESPERAR

 

¿A quién esperas?
 
Nadie tiene que venir a liberarte de nada pues jamás estuviste en una jaula salvo la imaginaria que de suave hilo de seda se convirtió, a los ojos de tu errónea y contaminada percepción, en barrote de sólido acero.
 
Dentro de ese encierro suavizado con el tinte de la "libre elección" el tiempo pasa mientras vas saltando de rama en rama, de árbol en árbol de supuesto conocimiento sin saber que éste ya es en ti.
Analizas maestros, textos, palabras, imágenes en pos de esa clave-llave que crees te abrirá el cofre del tesoro escondido, buscando aquello que se ajuste a tu preconcebida idea de lo que esperas encontrar.
 
Así, de hecho encuentras y encontrarás, pero sólo aquello que puede ser encontrado, es decir, ese algo que, como tu búsqueda viciada, está formado del mismo hilo que tus barrotes imaginados e imaginarios, puesto que lo que ES no puede ser buscado ni encontrado jamás.
 
¿Acaso el aire necesita buscarse para saber que es aire?
 
Libre y sin cadenas, sopla donde quiere sin tener en modo alguno que necesitar querer para ser.
 
¿A qué esperas?
 
A la técnica difícil y complicada, el discurso oscuro, intelectualmente elevado, al alcance de unos pocos que lo "entienden" a diferencia del resto, lo cual te separa cada vez más de tu objeto de búsqueda y deseo, de Ti.
 
Lo que quieres no es lo que eres, pues esa querencia surge de la falta de comprensión de tu verdadera naturaleza la cual, sin complicación alguna, ya eres, porque ya Es.
 
Jamás podrás entenderlo puesto que no se puede entender lo que es ajeno a la jaula de ideas, juicios y prejuicios en los cuales te desenvuelves.
 
Lo que sí puedes es darte cuenta, sentir un cierto "ajá, es esto" que se quedará así, sin desarrollarse mental o intelectualmente pero que, como semilla lanzada a la oscuridad del agujero cavado en la tierra, se pudrirá sin tu intervención, para dar el fruto anhelado.
 
Si quieres recordar, olvida primero.
 
Si quieres encontrar, abandona toda búsqueda.
 
Si quieres despertar, sabe que sueñas.
 
El resto, que es sin partes, resquicios o causas pérdidas o encontradas, vendrá dado por añadidura.
 
Y esa añadidura ya eres TU.

HISTORIA

 

Nadie se cuestiona su historia, esa firmemente establecida, la que se muestra alrededor, la que envuelve como una barrera protectora de las historias de los demás y la que, al mismo tiempo, es una pantalla donde se proyecta el argumento que cada día se repite una y otra vez, con aparentes giros en el guión pero siempre con igual final.

 Nadie se cuestiona su historia porque eso supondría reconocer la falsedad de la misma, la constatación de su fragilidad, el reconocimiento de que sostenerla supones un desgaste inasumible para cuerpo y alma.

 Nadie se cuestiona su historia y, sin embargo, todo el tiempo se está cuestionando, en cada suspiro de infelicidad, con cada gota de tristeza, en cada latido de sufrimiento, la historia rasga su denso velo y permite asomarse por un breve instante a la luz de la auténtica Vida, esa que deslumbra hasta al mismo Sol si se atreviese a mirarla de frente, esa que reconocemos en ese único instante, esa que comprendemos Somos, sin separación posible.

 Cuestionar la historia establecida es comenzar a comprender que hay vida más allá de la sala de cine donde se proyecta, es indagar sobre los personajes que la interpretan, sobre su realidad, su fijeza, su aparente inamovilidad. Es saber sin duda posible que nos han mentido, nos hemos mentido, sin piedad, por miedos que emanaban del mismo argumento que interpretábamos, tan irreales como el resto del guión. Es aceptar que nada ni nadie puede hacernos daño como nada de lo que en la pantalla de la sala de cine puede afectarnos más allá de unos segundos hasta que nos damos cuenta que era solo una simple película.

 Si quieres puedes comenzar a cuestionar tu historia, lo cual es cuestionarte a ti: lo único que pasará será que el miedo emergerá como un torrente desbocado que, al verlo como un elemento más de esa película vital, irá perdiendo su fuerza hasta que sólo quede Eso que eres, imposible de expresar en imágenes, de encerrar en palabras, de explicar con argumento alguno.

 Luego, seguirás contando y contemplado historias, pero ya te sabrás el principio, el nudo y del desenlace de la misma y, de esa forma, podrás disfrutarla, vivirla, sin sobresaltos, como la nieve que sacrifica su solidez al calor del sol, como el agua que se disuelve en el aire elevándose hacia el cielo azul, como quien sabe que todo es lo mismo por mucho que se empeñe en diferenciarlo, separarlo, dividirlo, estancarlo, jerarquizarlo.

 Nadie se cuestiona su historia.

 Tu eres nadie.

 Así que cuestiónala.

LABERINTO

 


¿Quieres ser feliz? 

¿Quién lo quiere?

¿Deseas triunfar?

¿Quién lo desea?

¿Buscas la paz?

¿Quién la busca?

Todo lo que pretendas, quieras y anheles Ser, conseguir, lograr, es fruto de la idea de que eres un rompecabezas incompleto, un puzzle al que le faltan piezas, una lámpara sin bombilla, una nube sin vapor.

Es imposible que al cielo le falte algo que busque entre las nubes que le surcan, que el sol carezca de un rayo cálido que de él mismo emanó o que el agua del río crea que sus moléculas se sienten huérfanas de las gotas que, transmutadas en suave vapor, hacía el cielo emprendieron su peregrinacion.

Esa es la Realidad y el resto son los recovecos del laberinto que recorres sin el Hilo de Ariadna como guía y que, inevitablemente, te llevarán al Minotauro que tan sólo busca tu perdición, pues su existencia depende de que jamás salgas del laberinto.

Independientemente de tus fugaces deseos, las montañas seguirán nevadas y el arroyo cantará su húmeda canción deslizándose al Mar.

Recorre el laberinto por diversión, no por necesidad.

Juega el juego por placer no por cubrir carencias inexistentes.

La Realidad es tan evidente que, aún estando delante de tus narices, siéndolas, ni la hueles, ni la respiras, pues....

¿Quién puede respirarse a Si mismo?