Si estuvieses en una habitación donde faltase el aire, harías lo imposible por respirar, olvidándote de todos tus problemas, en un intento desesperado de mantener la vida.

Cualquiera que haya experimentado un momento desgarrador de peligro, habrá comprobado lo anterior, es decir, que toda la madeja de pensamientos que creemos ser desaparece como por arte de magia y algo toma el control de forma automática y segura.

Si pudieses hacer así con lo único importante en este mundo, olvidarías lo que te rodea, las incomodidades, deseos, prejuicios, enfados, tristezas, incluso te olvidarías de ti.

El cuerpo no puede existir sin respirar ni alimentarse pero tú estás más allá de sus necesidades.

La mente, con su implacable e inagotable flujo de pensamientos, no puede existir sin un cuerpo que responda y ejecute sus requerimientos, pero tú estás más allá de ellos.

Cuando te das cuenta de eso y comienzas a cuestionar lo que dabas por hecho en cuanto a tu existencia se refiere, las obviedades surgen de forma espontánea y la alegría ocupa su lugar. Una alegría sin objeto, una suerte de distanciamiento de todo aquello que constituía la aparente fuente de problemas y disgustos.

¿Quién los sufría? te preguntarás.

Y verás que no hay respuesta posible salvo un intento que denominarás "nadie" salvo un personaje que parecía increíblemente real pero que resultó ser absolutamente falso.

Llevas toda una vida convenciéndote de que existes en una vasija que has terminado por aceptar como verdadera la creencia de que realmente eres la propia vasija en sí misma considerada, de cierto material, forma, nombre y cualidades. Y es que la mente realmente sólo puede trabajar, comprender y pensar sobre aquello que tenga, precisamente, nombre, forma y cualidades.

Una jarra, un vaso, cualquier recipiente, contiene algo en su interior que puede variar en aspecto, densidad, forma... pero también contiene espacio, vacío.

Cuando el recipiente se rompe, ese espacio que contenía en su interior ¿ha cambiado, se ha modificado, ha "regresado" a algún lugar?

Efectivamente, nada ha cambiado salvo tu consciencia de reconocerlo como una única Presencia que todo lo “ocupa”, que todo lo Es.

Ocurre lo mismo con las olas y el mar: si llenases un cubo con agua del océano de tu elección, y posteriormente lo volcases de nuevo a esa masa ingente de salada agua ¿dirías que ha cambiado, se ha modificado, ha “regresado” a algún lugar?

Efectivamente, nada ha cambiado salvo tu apreciación de esa agua particular diluida y reincorporada al agua general, que, en ese océano, todo lo Es.

He ahí el Secreto.

Todo es lo mismo, variando solamente la apariencia que las apreciaciones, siempre erróneas e incompletas, realizan los sentidos corporales, hacen pasar por verdadera.

Si eres océano ¿para qué mantenerte encerrado en un humilde dedal?

Si eres vacío ¿para qué sostenerte entre cuatro paredes?

Puede sonar repetitivo pero ¿acaso eso le resta un ápice de verdad?

Cada amanecer se repite y jamás siendo el mismo, pleno de luz y energía vitales.

A base de repetición acabaste convenciéndote de lo que crees ser.

Nada hay mas original que recuperar la verdad de lo que se Es, la maravilla alada de la mariposa que revolotea en tu dedo, ambos en el único espacio disfrutando de la certeza de que tu dedo, ella, su aleteo y el espacio son exactamente la misma y única cosa.

Vive.

 

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