BESO


 

 

¿Has probado alguna vez a besar el aire?
 
Es el Aire el que te besa a ti, el que te toca y habla en su susurrante idioma único.
 
El Espiritu sopla donde quiere y le place, donde uno desaparece, quitándose la envoltura de apetencias y deseos casi siempre vanos, y mostrándose desnudo hasta la médula, asomando los huesos sin rastro alguno de aquel que creía ser el rey dominante sobre el pequeño y el gran mundo.
 
Con envoltura, los padecimientos surgen a cada instante.
 
Sin envoltura desaparece la ilusión y, con ella, el sufrimiento.
 
No se trata de arrancar carne y vasos hasta quedar en puro hueso sino, más bien, de reconocer ese papel de regalo mas o menos lujoso, con lazo o sin él, en el que lo Único, parece haberse envuelto y dejarle ser, simplemente conociéndole, resolviendo la ecuación de la Vida en un acto de honesta y pura sencillez.
 
Quedarse con la envoltura es como si te gustase la Horca puntiaguda con la que separas al viento el grano de la paja, olvidando que, aunque cumpla su labor, puedes terminar
clavándotela.
 
Le das mucha importancia a su aspecto, apariencia, cuidando la superficie y abandonando la rofundidad. Tomas la cácara por el fruto y así el alimento jamás puede nutrirse a Si mismo, porque ese arel, ese filtro ideado e imaginado, te convence de que se encuentran separados y que debes emprender una lucha desesperada para alcanzarlos.
 
Si prefieres eso, si abrazar el esfuerzo es tu anhelo oculto, entonces esfuérzate, separa, divide, pero con la consciencia plena de que todo eso se descarnará hasta quedar en el armazón donde nada puede ocultarse y los secretos son revelados.
 
Dos esqueletos se besan y sin embargo son una sola médula.
 
Dos conjuntos de huesos se entrelazan y sin embargo son una sola estructura.
 
Médula y huesos se disuelven en Aquello que jamás podría ser nombrado.
 
¿Quieres conocerlo, recordarlo?
 
Disuélvete.

 

 

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